La Siberia vaciada

Un dron sobrevuela La Siberia desde el castillo de Puebla de Alcocer. :: E. R./
Un dron sobrevuela La Siberia desde el castillo de Puebla de Alcocer. :: E. R.

Esta comarca se ha sacrificado por Extremadura y ahora recibe una merecida compensación

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

La Siberia acaba de ser declarada Reserva de la Biosfera. Es una buena noticia que, sin embargo, despierta algunos recelos. La Siberia es un territorio fronterizo y apartado, el más alejado de su capital de provincia de cuantos existen en España. La Siberia fue, por perdida y alejada, junto con Levante, Madrid y La Mancha el último bastión de la República durante la Guerra Civil. Hoy es el último vestigio de la insoportable división histórica de Extremadura en los ámbitos militar, universitario, judicial y eclesiástico: 14 de sus 17 municipios pertenecen aún a la diócesis de Toledo.

En la Edad Media, ya había preocupación por la despoblación de la Siberia y se facilitará el asentamiento de nuevos vecinos en la carta de población de Alcocer: impuestos muy bajos, dos ferias anuales, etcétera. Las medidas surten efecto y en 1591, la comarca alcanzará los mismos habitantes que hoy: 20.000.

Comenzando el siglo XX, se plantea la construcción de pantanos en la Siberia y el Ministro de Obras Públicas de la II República, Indalecio Prieto, visita la zona con este fin. En ese tiempo, en el partido judicial de Herrera del Duque, los niños se incorporaban a las tareas agrícolas antes de los 10 años.

Acabada la Guerra Civil, entre 1956 (Cíjara) y 1990 (La Serena), se levantarán cinco pantanos en la Siberia, que ocuparán el 10% del territorio. Solo las regiones de Andalucía y Castilla León embalsan más agua que La Siberia. Es un agua solidaria que riega los campos de Extremadura, pero solo cinco hectáreas de La Siberia, un agua que anegó las mejores tierras de la comarca y disparó la emigración: en Puebla de Alcocer, emigraran de golpe 650 jóvenes a pueblos de colonización como Entrerríos, Torrefresneda, Zurbarán o Hernán Cortés. Al perder tanta población, el 1 de noviembre de 1965, el Gobierno le quitó a Puebla la cabeza de partido, el juzgado de primera instancia, el juez y algunos servicios. Por quitarle, hasta le quitaron la colección completa del diccionario enciclopédico Espasa.

En 1950, Helechosa de los Montes tenía 3.500 habitantes y hoy ronda los 700. En 1960, había en la comarca 50.000 habitantes, hoy, 20.000, casi un 60% menos. La Siberia siempre se ha sacrificado por Extremadura: los pantanos que provocaron esta emigración y solo riegan cinco hectáreas de la comarca son un ejemplo, otro es el desmantelamiento de la central de Valdecaballeros, que eliminó el miedo a que una instalación nuclear en la cabecera del regadío fuera perjudicial. La central no se hizo, pero Valdcaballeros perdió empleo y el 80% de la población.

Con 7 habitantes por kilómetro cuadrado frente la media de 25 en Extremadura y 82 en España, es la segunda comarca más vaciada de la región tras la rayana de Valencia de Alcántara, otro caso de comarca sacrificada por Extremadura (no se podían construir allí fábricas por ser fronteriza y al cerrar la frontera, se quedó sin empresas, sin aduana y sin funcionarios) a la que no se le devuelve el sacrificio.

Pero los 2.700 kilómetros cuadrados de la Siberia se han convertido de la noche a la mañana en reserva de la biosfera. Es un paraje único donde hay que circular con precaución absoluta porque los venados y otros animales (40 especies de mamíferos, 170 de aves, 18 de reptiles, 13 de anfibios) cruzarán la carretera sí o sí, sobre todo por la noche.

Sorprende que en una comarca tan abandonada a lo largo de la historia y tan sacrificada por el resto de la región, cuando llega algo que puede dar un vuelco a la situación, surjan voces criticando la declaración de la Unesco. A la Siberia nunca se le ha dado nada y lo ha dado todo, ¿por qué cuando consigue algo tan importante como ser reserva de la biosfera se ponen pegas? Pertenecer a la reserva de la biosfera no entraña más normas ni restricciones para emprender o crecer. En cambio, exige conservación, desarrollo sostenible, investigación, formación, capacitación y educación ambiental. Es decir, inversiones. Hasta ahora, sin ser reserva, la Siberia se vaciaba paulatinamente. La declaración de la Unesco, cuando menos, cambia la historia por primera vez en siglos: la Siberia sacrificada y vaciada por fin recibe algo.