N-430: ¿autovía o vereda siberiana?

Toca esperar que la Junta de Extremadura y la de Castilla-La Mancha se pongan de acuerdo y actúen con criterios de solidaridad interregional. De otro modo, los próximos 30 años pasarán como los últimos: lampando por alcanzar algún día los ratios de desarrollo de otras regiones españolas

JESÚS PARRALEJO AGUDOExperto en comunicación

Si hay una comarca española dejada de la mano de Dios es La Siberia, ese cuerno de África ubicado en el este de Badajoz, en cuña con Cáceres, Toledo y Ciudad Real. Una comarca bendecida por la naturaleza, generosa en puestas de sol que alumbran buen número de cotos de caza, una industria creciente en Extremadura y en Castilla La Mancha. Dos regiones unidas por la carretera N-430 que, a pesar de vertebrar la Siberia, puede terminar convertida en vereda de comarca.

Ambas comunidades autónomas son eslabones clave de la cadena logística que algún día puede llegar a conectar el Mediterráneo y el Atlántico mediante infraestructuras viarias y ferroviarias modernas, pensadas para el tráfico de viajeros y mercancías entre Valencia y Lisboa. Enclaves que claman desde hace tiempo por esta infraestructura al cielo del desarrollo, sin obtener satisfacción institucional hasta la fecha.

En Extremadura, el ferrocarril es el cuento de nunca acabar, por más que salga el presidente de Renfe– político profesional– a pedir perdón por el desastroso servicio ferroviario de la región. Porque su trabajo consiste en acatar órdenes de Fomento, cuyas puertas son las que hay que aporrear en la mejor tradición de «quien no llora no mama». De este modo, el Ministerio ha activado vuelos OSP (Obligación de Servicio Público) en el aeropuerto de Badajoz, es decir, vuelos subvencionados con los que transmitir cierta preocupación multigubernamental por las comunicaciones en la región.

De este golpe de efecto a seis meses de las elecciones autonómicas pueden hacerse al menos dos lecturas. Que los vuelos OSP van a paliar el déficit de comunicaciones con las principales ciudades españolas. O que se trata de otra cortina de humo con que envolver la realidad del ansiado ferrocarril, del que sólo se pespuntean informaciones sin detallar un proyecto ferroviario global y definitivo para Extremadura: plazos verificables, calidad técnica de líneas y trenes, recorridos reales, velocidades, frecuencias y precios de los futuros servicios, entre otras variables.

En cuanto a la red viaria, su ampliación supondría el incremento de actividad económica en general gracias a la llegada de nuevos inversores, además de reforzar la industria agroalimentaria que ya opera en la región. Pero en el limbo de los justos –sin que nadie aporte cordura al litigio– permanece atascada desde hace décadas la dicotomía entre la solución Norte o la solución Sur, como si fuese una partida de póker en la que el desdoblamiento en autovía de la N-430 supondría una mano ganadora a juicio de los expertos.

Convertir la N-430 en A43 desde Ciudad Real hasta Mérida, y una vez cerrado el tramo Badajoz-Évora, conformaría un eje peninsular entre Valencia y Lisboa (Mediterráneo-Atlántico) de alto valor logístico, incrementado además por su conexión directa al corredor Mediterráneo, hoy tan en boga gracias a las presiones conjuntas ejercidas ante Fomento por los empresarios e instituciones de Levante. Esa gran T Ibérica supondría un aporte estratégico palpable al desarrollo de varias comarcas y regiones españolas y portuguesas.

Ya toca pulsar la tecla que reporte mayor valor añadido a las zonas de influencia de un proyecto tan transversal y es a la Junta a quien más le toca impedir que esta situación se pudra aún más, pues se corre el riesgo de que este tren también pase y no vuelva. Claro que, aunque sea por una vez, no vendría mal que los líderes extremeños hicieran piña ante el Gobierno a la hora de defender los intereses generales de la región. Porque el cinismo político destilado por presidentes y expresidentes en tribunas de opinión desde luego no ayuda.

Después de décadas de derroche en infraestructuras, en gran medida marcado por la patronal lobista de las grandes constructoras (Seopan), y con desigual resultado para según qué zonas de España, es tiempo de racionalizar las inversiones. La tremebunda crisis económica de 2009 lo dejó meridianamente claro y hoy es un hecho que obliga a gobernar los recursos públicos sobre nuevos cimientos de gestión.

Un eje transversal de comunicación peninsular como éste supondrá beneficios para los lugares por los que transcurra definitivamente la A43. Pero el primer beneficiario debería ser las arcas del Estado que, ante las dos opciones en liza, puede invertir en una solución nueva y sumamente costosa (opción Sur), con alto impacto ambiental en Los Pedroches, por ejemplo, o desdoblar la existente N-430 (solución Norte), entre Ciudad Real y Mérida, dando así una oportunidad de futuro a la comarca de La Siberia y resto de comarcas de su trazado.

Es perfectamente entendible que los alcaldes de Puertollano o Almadén se decanten por la solución Sur, y que los de Puebla de Don Rodrigo o Herrera del Duque por la solución Norte. Pura geografía. Pura economía. Pero si algo no es admisible es que estas peleas de pueblo cercenen las oportunidades de desarrollo, también transversal, que ofrece para Extremadura la futura autovía A43.

Fomento ya ha enviado señales suficientes de no deshojar la margarita hasta que los afectados se pongan de acuerdo. Y visto lo visto, no lo harán a menos que la Junta de Extremadura y la de Castilla La Mancha asuman sus responsabilidades como árbitros institucionales. Ahora toca esperar a que actúen y además lo hagan con criterios de solidaridad interregional. De otro modo, los próximos 30 años pasarán como los últimos: lampando por alcanzar algún día los ratios de desarrollo de otras regiones españolas.