El ladrón madrileño que se ocultó tres años en La Siberia
La Guardia Civil detuvo en septiembre en Garbayuela a un joven que tenía 21 órdenes de búsqueda
MANUEL MORENO
La Siberia extremeña es Reserva de la Biosfera de la Unesco desde junio. Esta zona, una de las más hermosas y menos conocida de Extremadura, fue testigo en septiembre de la captura de un delincuente madrileño, que estuvo refugiado durante tres años en Garbayuela, uno de los municipios de la región. Sobre Rubén E. G. pesaban 21 requisitorias judiciales en vigor, de las que tres incluían su ingreso en prisión. Lo buscaban juzgados de Toledo, Cáceres, Badajoz y un total de 16 de Madrid, además de la Audiencia Provincial, en la mayoría de los casos por delitos contra el patrimonio.
El ahora arrestado había sido miembro de un grupo criminal que, después de dar una gran cantidad de golpes en numerosas poblaciones de Madrid y Toledo, se trasladó a La Siberia extremeña. En esta comarca la banda de ladrones delinquió hasta que, hace unos años, fue desarticulada. El prófugo acabó ocultándose en Garbayuela, un municipio de apenas 500 habitantes.
Recluido en una casa
Rubén está entre rejas desde la tarde del 16 de septiembre, cuando fue detenido por la Guardia Civil en un autobús de línea regular a pocos kilómetros del pueblo en el que habitaba, en una de las pocas salidas que el delincuente hizo en los tres años que estuvo escondido. En todo ese tiempo, el fugitivo vivió recluido en una casa y, quizá, ni siquiera visitó alguno de los embalses de los ríos Guadiana y Zújar, que han convertido a La Siberia extremeña en unas de las costas de agua dulce más importantes de España.
En Garbayuela, los vecinos llevaban tiempo preguntándose quién era el joven que vivía con una mujer y un niño, hijo de ella, en una vivienda de la calle del Parador, una vía pública de 200 metros situada en el centro del municipio. «No le veíamos nunca por la calle. La chica, que es del pueblo, siempre paseaba sola con el niño», cuenta una mujer, que prefiere no hablar más ni opinar sobre el tema.
Rubén, natural del barrio de Entrevías (Puente de Vallecas), fue arrestado cuando viajaba en un autocar de línea regular con destino Siruela que procedía de Madrid y que había hecho parada en Talavera de la Reina. Ese día se atrevió a salir, a abandonar su guarida. No esperaba lo que le sucedió al llegar a Herrera del Duque, a más de 200 kilómetros de Madrid y cuando estaba a tan solo 30 de volver a su escondite.
En la capital de la mancomunidad del Cijara, el vehículo de pasajeros se detuvo en la única parada de autobús que tiene ese pueblo, en el extrarradio, para que bajaran y subieran viajeros. En ese momento, alrededor de las siete de la tarde, un grupo de guardias civiles aprovechó para entrar en el vehículo y arrestar a Rubén. Ante la sorpresa de los pocos pasajeros que vieron cómo lo esposaron acabaron sus tres años como prófugo de la Justicia. Además, los agentes encontraron marihuana en la casa donde Rubén vivía con su pareja.
Delito contra la salud
Al día siguiente, el arrestado fue trasladado al Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 1 de Herrera del Duque. Allí se le tomó declaración y se le imputó, de manera provisional, un delito contra la salud pública por la marihuana hallada en su casa, según informaron fuentes del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura.
En la sede judicial comprobaron también las 21 requisitorias judiciales que pesaban sobre él. En la Comunidad de Madrid lo buscaban juzgados de Getafe, Parla, Aranjuez y once de la capital, así como la Audiencia Provincial; en la provincia de Toledo, uno de Torrijos y otro de la capital de Castilla-La Macha, además de uno de Don Benito y otro de Cáceres. Desde Herrera del Duque se enviaron entonces exhortos a los tres juzgados que ordenaban la entrada en prisión de Rubén quien, finalmente y tras años de huida, terminó entre rejas.