Hospital Siberia Serena: luces y sombras

Diez años después, nos encontramos con un centro sanitario infrautilizado, carente de determinados medios y recursos para dar una respuesta integral a los problemas de salud de los enfermos

ÓSCAR DE LOS REYES MURILLO CABALLEROAbogado y escritor

La primera vez que entras en el Hospital Siberia Serena, enclavado en la localidad pacense de Talarrubias, te invade una sensación diferente a la que uno puede esperar cuando acude a cualquier otro centro sanitario. No se trata de un hospital al uso, ya que este coqueto edificio de una sola planta sorprende a los pacientes con un amplísimo recibidor donde lo primero que se puede divisar, al fondo, es un exuberante patio de naranjos, rectangular y acristalado, por el que se filtra el agua y rebotan los rayos de sol ya que permanece descubierto y por supuesto, donde contemplar la luna desde su mullido césped. Puedes recorrerlo gracias a unos enormes pasillos que lo van envolviendo, disfrutando de la luz natural que lo abraza con calidez, incluso más al fondo desde la cafetería puedes almorzar con la vista puesta en las nubes, mientras saboreas un menú abundante y a un precio asequible para todos los comensales, compartiendo el mismo menú con médicos, enfermeros y demás personal del centro. Ni que decir tiene, que el mobiliario dispuesto estratégicamente para descansar y contemplar dicho patio de cuajados naranjos alegra la visión, con sus colores fuertes, de azul cobalto o incluso de rojo pasión que tanto recuerda a las películas de Almodóvar.

Si seguimos andando por cualquiera de sus amplios y luminosos pasillos podemos encontrarnos con fabulosas panorámicas como la del castillo de Puebla de Alcocer, además de innumerables jardines que, aunque pequeños, proporcionan a la vista un estimable sosiego. Sorprenden incluso al visitante los cuadros colgados por todos los pasillos, como si de una moderna galería de arte se tratara, con motivos de la vida rural de la zona, flora y fauna, e incluso usos y costumbres, muy propios del tipismo del lugar, que embelesan al mirarlos y que sin duda alegran los sentidos más aletargados. Amplitud, luminosidad, vegetación, arte… hacen olvidar por momentos, o al menos lo amortigua, la razón por la que estás allí. Una esmerada limpieza en todo el edificio, que sin duda se agradece, es también una tónica común y perceptible.

Por otra parte y una vez que –desafortunadamente– un paciente debe de ser ingresado y por tanto hospitalizado en el centro, nos encontramos igualmente con habitaciones solariegas de gran luminosidad y con baños aseados y funcionales, amplios igualmente, siendo los pacientes por lo general muy bien atendidos por todo el personal. Aquí quiero manifestar que es una opinión generalizada que el trato que se dispensa –en líneas generales, siempre puede haber contadas excepciones– es amable y agradable con el paciente por todo el personal sanitario, desde médicos a celadores, pasando por auxiliares, enfermeras, etcétera. Un trato cercano, amable y simpático que es evidente que redunda en un mejor ánimo en los pacientes allí ingresados que con esas atenciones se sobreponen y se tranquilizan, al igual que los angustiados familiares que los acompañan.

Sin embargo y a pesar de la buena voluntad del personal en hacer una estancia agradable a los pacientes, este hospital carece de recursos suficientes, siendo 'vox populi' dichas carencias. Por ejemplo, en numerosas ocasiones los propios pacientes son trasladados en ambulancia al hospital de Villanueva-Don Benito para hacerse pruebas imprescindibles según la patología que padezcan y después los hacen regresar a Talarrubias, lo que supone un desplazamiento aproximado de 2 horas –ida y vuelta– que redunda negativamente en la salud del enfermo, por carecer este centro de la aparatología necesaria para realizar 'in situ' dichas pruebas. Un hospital que no me consta que cuente con sala de paritorio ni tampoco con Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Además, para cualquier otra prueba relevante como un TAC han de esperar los enfermos a que se envíe de nuevo al de Villanueva-Don Benito y que devuelvan los resultados, lo que puede demorar la estancia innecesariamente –con el correspondiente coste añadido– y lo que es peor aún, retrasar el tratamiento que necesita el enfermo hasta que no se tengan los resultados de esas pruebas. No digamos hacer un cateterismo que los envían a Mérida o a Badajoz, una resonancia magnética… o cualesquiera otras terapias o pruebas que necesite un enfermo y que en cualquier hospital que se precie cuentan con ello. Se llega al punto que incluso en ocasiones es el propio paciente ingresado el que tiene que aportar sus propios fármacos porque en la farmacia del hospital no cuentan con ellos. He intentado que profesionales de dicho hospital me explicasen las demandas que hubieran de hacerse, aunque me he topado, una vez más con el famoso y negativo 'corporativismo médico', que sin duda repercute negativamente en todos nosotros.

Diez años después, en mi opinión nos encontramos con un hospital infrautilizado, carente de determinados medios y recursos para dar una respuesta integral a los problemas de salud de los enfermos, no comprendiendo cómo los alcaldes de la zona de actuación no se unen para demandar una mejor y mayor dotación de medios a este supuesto «centro hospitalario», sito en medio del campo y que a mayor desdicha cuenta con muy malas comunicaciones con los pueblos que irremediablemente están condenados a estar vinculados al mismo. Hospital Siberia Serena, luces y muchas sombras en formas de carencias funcionales que redundan en una peor asistencia sanitaria a los enfermos, que una vez más se ven condenados a no ser tratados por igual que los que tuvieron la suerte de nacer o de estar viviendo en otras áreas sanitarias. El atraso de esta comarca se hace, en este aspecto, aún más alarmante.